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Esquizofrenia… al principio del camino.

 Los psicólogos trabajamos en nuestro día a día para ayudar a las personas a resolver sus problemas personales.

Cuando una persona recibe un diagnóstico de esquizofrenia, necesita la ayuda y el apoyo de la gente que le quiere. Aunque habitualmente los familiares desean ayudar a su familiar encontramos dos obstáculos para que esa ayuda sea efectiva, por un lado su reacción emocional ante lo que está ocurriendo, y, por otro lado porque desconocen cuáles son los cuidados más convenientes para la enfermedad.

Que nos alteremos emocionalmente cuando a nuestra pareja, hijo o hermano le diagnostican esquizofrenia es una respuesta emocional normal ante una mala noticia que nos asusta y nos desconcierta.

Esquizofrenia - Psicoterapia Salamanca

Es frecuente que inicialmente sintamos incredulidad “no puedo creer que esté enfermo”, esta reacción suele dar paso, transcurrido un tiempo, a asimilar y aceptar la realidad. Cuanto más repentino e imprevisto haya sido el inicio de la enfermedad más probable es que la respuesta inicial sea de incredulidad. Ante un diagnóstico tan severo como la esquizofrenia, en caso de que los profesionales alberguen dudas suelen emitir un diagnóstico genérico (brote psicótico, trastorno psicótico agudo…) para poder valorar la evolución del caso y diagnosticar esquizofrenia solamente cuando tengan la certeza. Es importante que después del jarro de agua fría que supone el diagnóstico mantengamos la esperanza, ya que a pesar de la dificultad que implica la situación, las cosas no tienen por qué ir de la peor manera posible. Es habitual que pensemos en todo lo malo que puede suceder sintiendo miedo, ansiedad y angustia… En estos casos es importante que pensemos no en el abanico de cosas posibles que pueden suceder, sino en las cosas que es probable que sucedan . Es decir, aunque nos asuste la posibilidad de que las cosas salgan mal será más útil centrarnos en hacerlas de tal forma que la probabilidad de que salga bien sea la mayor posible.

Pueden aparecer sentimientos de culpa (¿Qué hice mal para que haya enfermado?) que se han alimentado de las ideas erróneas que circulan en nuestra sociedad responsabilizando a la familia del desarrollo de la enfermedad, o culpa por no haber hecho lo suficiente para evitar o atajar antes la enfermedad o por determinadas reacciones que tuvimos con nuestro familiar en el pasado. Es inútil sentirnos culpables por no haber evitado algo que no podíamos prever.

Podemos tener sentimientos de rabia, ira y frustración que tendremos que aprender a manejar .

Recomendaciones para la familia ante el diagnóstico de esquizofrenia:

. Evita buscar culpables, nadie quiere enfermar.

. Mantén la esperanza, aunque la enfermedad es grave, la evolución es muy variable de unas personas a otras, y, por tanto, es difícil redecir con certeza cuál será la evolución de nuestro familiar.

. Selecciones un equipo de profesionales que se encargue del tratamiento y colabore con ello en la medida de sus posibilidades. Se desaconsejan los cambios frecuentes de profesionales.

. Eviten sobrecargar a una persona, reúnanse la familia y repartan las responsabilidades en función de lo que cada uno puede y quiere hacer. Traten de anticipar las dificultades que pueden surgir y planteen soluciones que o permitan solventarlas.

. Aunque dediques tiempo a ayudar a tu familiar, reserva un tiempo para ti.

. Siga manteniendo su vida social y comparta sus experiencias con gente de confianza.

. Si te encuentras muy mal o ese malestar se mantiene en el tiempo, no dudes en buscar ayuda profesional.

Psicólogo en Salamanca – Psicóloga Mª Luz Cañadas – Psicología

Cuando muere un ser querido…

 

 

Casi todas las personas en alguna ocasión de nuestra vida nos enfrentamos o nos enfrentaremos a la muerte de un ser querido para nosotros. Cuando eso ocurre empezamos a elaborar el duelo, que es  una reacción adaptativa natural, normal y esperable ante la pérdida de un ser querido. Es un momento difícil, ya que la persona se enfrenta a un acontecimiento vital estresante de primera magnitud, que tarde o temprano hemos de afrontar.

Tenemos que adaptarnos a los cambios que se producen en nuestra vida, cambios emocionales, fisiológicos y sociales que variarán, donde la intensidad y duración de estos será proporcionales a la dimensión y significado de la pérdida.

 

Cada duelo es diferente varía en función de las características de la persona en duelo, su situación personal, de “quien” es la persona fallecida, de las causas y circunstancias de su fallecimiento….

Aún así la mayor parte de las personas en duelo suelen pasar por estas etapas.

1. Desconcierto e incredulidad. La persona niega la realidad e intenta alejarse para reducir el malestar que le produce el acontecimiento.Es la primera reacción ante la noticia: “Esto no me está pasando a mi”, «no puede haber muerto». Son momentos muy intensos emocionalmente, la persona puede sentirse bloqueada, aturdimiento e incredulidad ante lo que está viviendo.

2. Tristeza profunda y agresividad. La persona puede presentar reacciones de ira, descontento y estallidos de rabia, incluso ante quienes les rodean; e intensas oleadas de dolor y llanto, de profundo sufrimiento. La persona no se da cuenta todavía de la realidad de la muerte.

3. Desesperación y depresión. Es un periodo a caballo entre la negación del principio y el alivio del paso del tiempo. Aquí también aparecen las tormentas emocionales y vivencias contradictorias, de búsqueda, presencias, culpas y autorrepoches,… junto con el dolor que aun continua. Es también un tiempo de soledad y aislamiento, de pensamientos obsesivos,… A veces es la primera experiencia de vivir sólo, y es frecuente no volver a tener contacto físico íntimo ni manifestaciones afectivas con otra persona.

4. Aceptación y paz. La persona vaq siendo consciente de que la pérdida es irreversible. Trata de adaptarse a la vida sin el ser querido, gradualmente va reapareciendo la necesidad de abrirse a las relaciones sociales, poco a poco se va sintiendo capaz de disfrutar sin sentirse culpable. Finalmente los períodos de normalidad son cada vez mayores y se empieza a vivir pensando en el futuro, y no en el pasado.

Una vez aceptada la pérdida del ser querido, existen cuatro tareas importantes para completar el duelo

  • Aceptar la realidad de la pérdida.
  • Experimentar la realidad de la pérdida, sintiendo el dolor y todas sus emociones.
  • Adaptarse a un ambiente en el cual falta el ser que murió, aprendiendo a vivir sin esa persona (por ejemplo: tomando decisiones en soledad, desempeñando tareas que antes hacía el fallecido, aprendiendo nuevas formas de relación con la familia y amigos o un nuevo sentido del mundo y de uno mismo…)
  • Recuperar el interés por la vida. La persona empieza a querer disfrutar, establecer nuevas relaciones…

 

Psicólogo en Salamanca – Psicóloga Mª Luz Cañadas – Psicología

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