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Mitos en Psicoterapia 1

Vamos a disfrutar de varios post en los que hablaremos acerca de los mitos existentes acerca de la psicoterapia y del trabajo que hacemos los psicólogos psicoterapeutas.

Mitos acerca de la psicoterapia

Mito 1: A consulta solo va gente con trastornos psicológicos.
Realidad: a consulta acuden personas que quieren mejorar su vida, algunos están preocupados por sus problemas y quieren orientación acerca de cómo resolverlos y otros sólo quieren aprender nuevas habilidades que mejoren su día a día.

Mito 2: La psicoterapia consiste en dar consejos
Realidad: El psicólogo hace un análisis de la situación de la persona, por tanto el plan de intervención consiste en entrenar a la persona en herramientas que permitan mejorar su calidad de vida.
La psicoterapia va más allá de dar consejos implica analizar, tomar decisiones, entrenar habilidades, valorar los resultados obtenidos, prevenir recaídas.

Mito 3 Leer libros de autoayuda es como ir a terapia
La lectura de libros de autoayuda no ha mostrado tener eficacia terapéutica, ya que ofrecen contenidos que ayudan a reflexionar, pero no se adaptan a la situaciones concretas de la persona. La gran dificultad que tienen es que transmiten QUÉ hacer pero no CÓMO hacerlo.

Mito 4 Al Psicólogo lo pagamos para que nos escuche
Realidad: El psicólogo nos escucha, pero recaba la información necesaria para realizar el proceso de evaluación, devolución de hipótesis, intervención y seguimiento. El trabajo del psicólogo va más allá de la escucha, emplea herramientas para las que ha sido entrenado, las cuales han sido contrastadas científicamente, para ayudar al cliente a mejorar su calidad de vida.

Rutinas infantiles – Aprendiendo a vestirme

Una de las rutinas que tenemos que retomar tras las vacaciones y que, en ocasiones se convierte en todo un reto es lograr que nuestros hijos dejen de realizar la actividad que están llevan do a cabo para vestirse o desvestirse.

Si queremos ayudarlos  ¿Qué podemos hacer?

. Anticipar la realización de la tarea, le avisamos de que dentro de poco será la hora de dejar lo que está haciendo y pasar a vestirse o desvestirse. Puede ser de gran ayuda fijar un tiempo concreto “Dentro de 5 minutos vamos a ponernos el pijama”.

. Le transmitimos que entendemos cómo se siente y le anticipamos las ventajas de la realización de la tarea o le proponemos algo divertido para hacer después” “Ya sé que te gusta mucho ver la televisión pero es la hora de ponernos el pijama, así luego estarás más cómodo y podremos leer el cuento juntos.

. Exprésale claramente lo que esperamos de él “primero te pones el pijama y luego juegas”, esto le ayuda a seguir las rutinas y le aporta seguridad en que el entorno es previsible.

. Reforzaremos verbalmente las conductas adecuadas “¡que guapo estás con el pijama!”, “lo has hecho muy bien”.

. Puedes leer con tu hijo algún cuento relacionado con la tarea de vestirse y desvestirse.

. Elimina aquellos estímulos que puedan distraer al niño de la realización de la tarea por ejemplo apagar el ordenador o la consola hasta que haya concluido la tarea.

. Si nuestro hijo es pequeño le simplificaremos la tarea, por ejemplo le pedimos que se ponga los calcetines y nosotros le atamos los cordones de los zapatos. Cuanto más pequeño sea el niño le pediremos ayuda para ponerse o quitar prendas sencillas por ejemplo que se suba el pantalón que tiene goma elástica y nosotros le abrochamos los botones de la camisa, que es una actividad más compleja.

rutinas - vestirse y desvestirse - Psicólogos en Salamanca

. Ayúdale a seguir una secuencia mediante instrucciones “Ahora te vas a quitar el jersey… ahora la camisa… ahora los pantalones…ahora los calcetines. Como es lógico las órdenes las daremos de una en una y esperaremos la consecución de la tarea 1 antes de indicar cuál es la tarea 2.

. No prestes atención a conductas inadecuadas (siempre que no supongan un riesgo) y da pautas concretas “es la hora de ponerte el pijama, vete quitándote la camiseta…”

. A los niños hay que ayudarlos en esta tarea en función de la edad, hay que proporcionarle la ayuda que necesita, pero no más de la que necesite.

Y no olvides: A veces es más rápido y cómodo vestir o desvestir a nuestro hijo, pero queremos que él aprenda a hacerlo y sea autónomo en la medida que su edad y sus habilidades personales lo permitan.

 

Psicólogos Salamanca – Gabinete de psicología Mº Luz Cañadas – Psicólogo Sanitario

Hoy hablamos de los celos en la pareja (segunda parte)

Como comentábamos ayer lo celos son un fenómeno universal, de tal forma que el celos@ siente malestar causado por la certeza, la sospecha o el temor de que la persona a la que quiere y a quien desea en exclusiva pueda preferir o volcar su afecto en una tercera persona. Por tanto hay celos entre padres e hijos, hermanos, amigos, compañeros de trabajo …
Los celos generan mucho sufrimiento tanto en la persona que lo experimento como a la “víctima” de sus celos.

Los celos tienden a ser un sentimiento estable en la vida de quien los sufre. Cuando el celos@ tiene un arrebato de celos nota un profundo malestar, que puede ser una mezcla de irritación y de depresión. En estas circunstancias, la persona suele realizar preguntas de comprobación (llamadas telefónicas, interrogatorios, revisión de objetos personales como bolsillos o correo electrónico) de la persona que ama con el objetivo de reducir el malestar que siente. De este modo, al sentirse un alivio transitorio, los comportamientos de celos quedan incorporados al repertorio de conductas del sujeto. Al cabo de horas o días vuelve a aparecer el proceso, que queda, de este modo, realimentado.

Una relación de pareja en el que los celos están presentes de forma continuada pueden llegar a destruir la relación. El celos@ sufre en el intento constante de proteger y/o salvar su relación de pareja, de tal forma que agobia, atosiga y controla a su pareja de tal modo que la pareja probablemente cambiará su forma de comportarse (es mejor que no le diga que salí anoche, así no pasa un mal rato) se irá minado la comunicación y puede favorecer el fin de la relación.
Aunque cada persona es diferente, los estudios afirman que las personas celosas suelen presentar ciertas características:
1. La inseguridad en uno mismo y la dependencia emocional.
2. La desconfianza hacia los demás.
3. La baja autoestima.
4. La introversión y la carencia de recursos sociales.
En personas con estas características los celos pueden estar más o menos latentes y activarse en forma de arrebatos en diversos momentos de la relación. Las situaciones generadoras de celos en personas vulnerables pueden ser múltiples.

Hay determinados momentos críticos en la vida en pareja que facilitan la aparición de los celos, entre los cuales destacan: el inicio de la convivencia, el nacimiento de un hijo, el comienzo de un nuevo trabajo, el éxito profesional del otro miembro de la pareja.

Cualquier acontecimiento de la vida cotidiana puede ser suficiente para desencadenar un episodio agudo de celos.

Cuando la persona sufre celos, no se queda sentado esperando a que éstos desaparezcan. Suelen realizar una serie de acontecimientos dirigidos a comprobar si los pensamientos que tienen son ciertos. Se trata de una búsqueda compulsiva de pruebas que avalen la veracidad de los pensamientos relacionados con la fidelidad. Son frecuentes las conductas inquisitivas, el interés reiterado por el pasado de la pareja, llamadas telefónicas constantes, el registro de objetos personales y, en algunas ocasiones, el sexo compulsivo.

La pareja del celoso, en las primeras fases, puede esforzarse por contestar a todas las preguntas, como un modo de convencer y de demostrar al celoso que sus dudas son totalmente infundadas. Con el paso del tiempo la pareja del celoso comienza a cansarse de tanta pregunta sin sentido y de que toda respuesta sea siempre insuficiente. Por ello, comienzan a evitarse, en la medida de lo posible, las preguntas; y cuando estas son ineludibles, las respuestas son más breves, sin detalle alguno. Esta actitud pone aún más nervioso al celoso, quien lo toma como muestra de la infidelidad y de la veracidad de sus dudas. Llegados a este punto, las discusiones de la pareja son constantes y se llega a un callejón sin salida, al no sentirse nunca el celoso satisfecho, independientemente de lo que diga o haga la pareja.

 

Psicólogo en Salamanca – Psicóloga Mª Luz Cañadas – Psicología

Yo juego, tú juegas, él juega…. ¿Tengo un problema?

Manoli tiene 42 años. Está casada y tiene dos hijos de 10 y 12 años. Siempre trabajó como administrativa, pero lleva unos meses en paro y la situación económica se está complicando. Antes le gustaba ir de forma ocasional a jugar al bingo con su marido y otras parejas los fines de semana.  Desde que sus hijos empezaron las clases tras dejarlos en el colegio entra en el bar pide un café y juega un rato a la máquina, así se entretiene y no piensa en sus problemas. El primer día tuvo suerte y ganó 50 euros, así que eso la animó a jugar más. La semana pasada confiando en sus posibilidades de ganar de nuevo gastó el dinero que tenía previsto para hacer la compran y eso ha sido solo el principio. Se encuentra muy nerviosa, pensando en que desea jugar para recuperar el dinero perdido y quizá si hay suerte de nuevo poder ganar más. Su marido la nota extraña a veces por las mañanas no le coge el teléfono y, últimamente la casa está desorganizada y cuando llega a mediodía la nota nerviosa e irascible algunos días ni siquiera le ha dado tiempo a preparar la comida. ¿Qué le pasa?

La afición a los juegos de azar (loterías, cupones o quinielas) y de habilidad (cartas o apuestas variadas) está muy presente en nuestra cultura desde hace varias generaciones. En cambio las máquinas recreativas, más conocidas por todos como tragaperras son un fenómeno  más reciente que genera grandes problemas a adolescentes y adultos.

Hay personas que juegan a juegos de azar o de habilidad de forma esporádica y son capaces de disfrutar del mismo sin que ello implique problemas. La ludopatía o juego patológico es una forma de adicción psicológica. ¿Cuándo podemos considerar que una persona tiene problemas con el juego? Cuando la intensidad, frecuencia, duración o cantidad de dinero invertida son excesivas y en función del grado de interferencia que el juego supone en las relaciones familiares, sociales, laborales y económicas del jugador.

 

Para que la conducta normal de juego (basada en el disfrute que conlleva la actividad) pase a convertirse en un problema es necesario que la persona pierda el control, es decir, que persista en la conducta de juego a pesar de las consecuencias adversas que le supone, supeditando su vida al mantenimiento del hábito. Llega un momento en que jugar alivia la tensión emocional y eso prima sobre el poder placentero de la conducta. Una persona con dependencia al juego presenta un deseo intenso e inaplazable de tal forma que el resto de los aspectos de su vida son secundarios, perdiendo interés por las actividades sociales y lúdicas que en el pasado le resultaban satisfactorias.

Las personas que tienen problemas con el juego con frecuencia presentan multitud de ideas erróneas que les impulsan a seguir jugando a pesar de las grandes pérdidas económicas que les suponen, entre las que destacan:

. “La máquina está caliente, ya va a salir el premio”

.”Si me fijo en los resultados que van saliendo sabré como y cuando debo apostar”

. “Si juego el tiempo suficiente recuperaré lo que he perdido”

. “A la larga ganaré, seguro”

. “Hoy he tenido mala suerte”

.”Sé que hoy me toca ganar”

Si te sientes identificado por la historia de Manoli, si dedicas más tiempo a jugar que a tu familia, trabajo o amigos, si gastas más dinero te puedes permitir o te cuesta controlar tus ganas de jugar quizá sea el momento de que te plantees que puedes tener un problema con el  juego. En ese caso busca ayuda profesional  tu médico de cabecera, la asociación de jugadores de tu localidad o un psicólogo podrán ayudarte a solucionarlo.

 

Psicólogo en Salamanca – Psicóloga Mª Luz Cañadas – Psicología

Vivir en la ciudad ¿favorece la aparición de ansiedad y depresión?

La revista Nature, ha publicado recientemente un estudio que afirma que  las personas que viven en ciudades tienen un 21% más de riesgo de padecer un trastorno de ansiedad, un 39% más de riesgo de sufrir un trastorno del estado de ánimo y el doble de riesgo de sufrir esquizofrenia.

El trabajo fue realizado Instituto de Salud Mental Douglas de Canadá. Los investigadores, los autores procedentes del Instituto de Salud Mental Douglas de Canadá, compararon la actividad cerebral de voluntarios procedentes de núcleos con más de 100.000 habitantes, con las de habitantes de núcleos de más de 10.000 habitantes y un tercer grupo formado por personas de áreas rurales. Encontraron que la respuesta al estrés en la amigdala (región cerebral vinculada con la regulación de las emociones y el estado de ánimo) era mayor conforme mayor era el núcleo urbano al que pertenecía la persona.

Por tanto, existe una forma o formas en la que la experiencia de vivir en núcleos urbanos afecta a los centros cerebrales que regulan las emociones, creando una mayor vulnerabilidad a padecer trastornos mentales.

 

Psicólogo en Salamanca – Psicóloga Mª Luz Cañadas – Psicología

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