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Sexting, lo que nos dicen los números

Buenos días:

 

En los pasados días hemos hablado acerca de la conceptualización del sexting, de las motivaciones que favorecen que los y los jóvenes  realicen este tipo de practicas y hoy vamos a hablar de datos.

Sexting - Psicóloga Salamanca
Sexting – Psicólogos Salamanca

 

Aunque el sexting es una practica extendida, no todos los adolescentes lo practican.

 

Los últimos estudios indican que la prevalencia anual del sexting se sitúa en torno a un  20% de los menores entre 12 y 17 años (Gámez-Guadix, de Santisteban y Resett, 2017).

La mayor parte hace referencia a  mensajes de texto con contenidos sexuales.

Se considera que los mensajes escritos con contenido sexual son la forma menos grave del sexting, ya que no comprometen a los menores  con imágenes o  videos sexuales en Internet.

 

Se han realizado estudios en una muestra española (Gámez-Guadix et al., 2017) y hacen referencia a la frecuencia con la que los adolescentes (entre 12 y 17 años) han practicado sexting en los últimos 12 meses.

Envío de mensajes de texto con contenido sexual:

Total: 10,8%

1 a 3 veces: 7,2%

De 4 a 10 veces: 2,1%

 

Psicólogos Salamanca – Gan¡binete de psicología Mª Luz Cañadas – Psicóloga Salamanca

Más de 10 veces: 1,5%

 

Envío de fotos con contenido sexual

Total: 7,1%

1 a 3 veces: 4,8%

De 4 a 10 veces: 1,5%

Más de 10 veces: 0,8%

 

Envío de videos con contenido sexual

Total: 2,1%

1 a 3 veces: 1,4%

De 4 a 10 veces: 0,4%

Más de 10 veces: 0,2%

 

 

A la vista de estos datos se puede concluir que en la mayor parte de los casos la practica del sexting se realiza de forma esporádica. Además a medida que la edad de los adolescentes aumenta también lo hace el riesgo de realizar este tipo de conductas. A los 12 años alrededor de un 3% de los menores ha participado en sexting. A los 17 años el porcentaje se incrementa hasta el 35%.

Duelo en niños ¿Cómo vive un niño de 0 a 3 años la pérdida de un ser querido?

Con cierta frecuencia acuden a la consulta del psicólogo adultos preocupados por cómo esa pérdida afectará al menor. Para poder orientar a los padres, los psicólogos tenemos qué conocer la fase del desarrollo en el que el menor se encuenta inmerso. Eso nos ayudará a facilitar la informacion acerca de lo que los niños entienden y sobre la información que tenemos que transmitirles.

¿Cómo viven los niños la muerte en función de su edad?

. De 0 a 3 años

En esta primera etapa de la vida los niños aprenden a confiar en las personas y en su entorno ya que necesitan sentirse seguros. La madre es una figura central en su vida y hacia los 8 meses los niños aparte de desarrollar el miedo a los extraños suelen establecer las relaciones de apego con el padre y los hermanos. Entre los 6 y los 17 meses el niño puede presentar un malestar intenso cuando sus figuras de apego no están presentes.

Hasta los 3 años las emociones de alegría y tristeza que expresan los niños suelen ser exageradas y aprende poco a poco a diferencia lo que le alegra de lo que le entristece.

Si el niño tiene una pérdida importante no tiene habilidades para expresarlo en palabras para describir lo que ocurre o lo que está sintiendo, pero sí puede recordar escenas, sonidos u olores que sean significativos. De hecho es frecuente que un niño que presenta una pérdida a esta edad  a medida que se vaya haciendo mayor empiece a recordar aspectos relacionados con el fallecimiento.

Es relativamente frecuente que a esta edad los niños no reciba, por afán de protección de sus progenitores, información acerca de lo ocurrido. En estos casos los niños suelen verse especialmente afectados por el cambio de ambiente estar con otras personas, en otros lugares el cambio de voces, la diferencia de hábitos y horarios etc.

 

Psicólogo en  Salamanca – Psicóloga Mª Luz Cañadas – Psicología

Yo juego, tú juegas, él juega…. ¿Tengo un problema?

Manoli tiene 42 años. Está casada y tiene dos hijos de 10 y 12 años. Siempre trabajó como administrativa, pero lleva unos meses en paro y la situación económica se está complicando. Antes le gustaba ir de forma ocasional a jugar al bingo con su marido y otras parejas los fines de semana.  Desde que sus hijos empezaron las clases tras dejarlos en el colegio entra en el bar pide un café y juega un rato a la máquina, así se entretiene y no piensa en sus problemas. El primer día tuvo suerte y ganó 50 euros, así que eso la animó a jugar más. La semana pasada confiando en sus posibilidades de ganar de nuevo gastó el dinero que tenía previsto para hacer la compran y eso ha sido solo el principio. Se encuentra muy nerviosa, pensando en que desea jugar para recuperar el dinero perdido y quizá si hay suerte de nuevo poder ganar más. Su marido la nota extraña a veces por las mañanas no le coge el teléfono y, últimamente la casa está desorganizada y cuando llega a mediodía la nota nerviosa e irascible algunos días ni siquiera le ha dado tiempo a preparar la comida. ¿Qué le pasa?

La afición a los juegos de azar (loterías, cupones o quinielas) y de habilidad (cartas o apuestas variadas) está muy presente en nuestra cultura desde hace varias generaciones. En cambio las máquinas recreativas, más conocidas por todos como tragaperras son un fenómeno  más reciente que genera grandes problemas a adolescentes y adultos.

Hay personas que juegan a juegos de azar o de habilidad de forma esporádica y son capaces de disfrutar del mismo sin que ello implique problemas. La ludopatía o juego patológico es una forma de adicción psicológica. ¿Cuándo podemos considerar que una persona tiene problemas con el juego? Cuando la intensidad, frecuencia, duración o cantidad de dinero invertida son excesivas y en función del grado de interferencia que el juego supone en las relaciones familiares, sociales, laborales y económicas del jugador.

 

Para que la conducta normal de juego (basada en el disfrute que conlleva la actividad) pase a convertirse en un problema es necesario que la persona pierda el control, es decir, que persista en la conducta de juego a pesar de las consecuencias adversas que le supone, supeditando su vida al mantenimiento del hábito. Llega un momento en que jugar alivia la tensión emocional y eso prima sobre el poder placentero de la conducta. Una persona con dependencia al juego presenta un deseo intenso e inaplazable de tal forma que el resto de los aspectos de su vida son secundarios, perdiendo interés por las actividades sociales y lúdicas que en el pasado le resultaban satisfactorias.

Las personas que tienen problemas con el juego con frecuencia presentan multitud de ideas erróneas que les impulsan a seguir jugando a pesar de las grandes pérdidas económicas que les suponen, entre las que destacan:

. “La máquina está caliente, ya va a salir el premio”

.”Si me fijo en los resultados que van saliendo sabré como y cuando debo apostar”

. “Si juego el tiempo suficiente recuperaré lo que he perdido”

. “A la larga ganaré, seguro”

. “Hoy he tenido mala suerte”

.”Sé que hoy me toca ganar”

Si te sientes identificado por la historia de Manoli, si dedicas más tiempo a jugar que a tu familia, trabajo o amigos, si gastas más dinero te puedes permitir o te cuesta controlar tus ganas de jugar quizá sea el momento de que te plantees que puedes tener un problema con el  juego. En ese caso busca ayuda profesional  tu médico de cabecera, la asociación de jugadores de tu localidad o un psicólogo podrán ayudarte a solucionarlo.

 

Psicólogo en Salamanca – Psicóloga Mª Luz Cañadas – Psicología

Y ¿Sí mis hijos se pelean?

Los hermanos, especialmente cuando son niños se pelean con frecuencia. Es algo normal dado que comparten tiempo, actividades y juguetes. Tener hermanos nos da la posibilidad de aprender algunas habilidades sociales que son básicas para poder relacionarnos con los demás con normalidad. Si juego con mi hermano tendré la oportunidad de aprender a compartir los objetos, respetar los turnos de juego y de palabra, de controlar los impulsos y las frustraciones…

Pero no siempre es tarea fácil especialmente cuando la frecuencia, intensidad o duración de los enfrentamientos entre hermanos interfieren en la convivencia familiar.

Como padres, la actuación más acertada es fomentar que sean ellos los que resuelvan sus diferencias, es la mejor forma de no caer en la tentación de ser policías y jueces en nuestra propia casa.

Fomentaremos que ellos resuelvan sus diferencias dejando claro que hay unos límites definidos:

. No pueden pegarse

. No pueden insultarse

También es importante que anticipen que, en caso de saltarse uno de los límites anteriores habrá consecuencias.

¿Qué decir? Ante el típico comentario <<Mamá, Ana me está picando, mira lo que me hace>> sería adecuado responder <<Espero que lo resolváis vosotros, no olvidéis hacerlo sin pegaros o insultaros sino (anticipamos la consecuencia que consideremos adecuada a la situación) os iréis cada uno a vuestro cuarto>>.

Si a pesar de todo llegan a las manos, el hermano que haya pegado deberá “irse a pensar” y pedir perdón.

 

Psicólogo en Salamanca – Psicóloga Mª Luz Cañadas – Psicología

Estrés laboral y problemas cardiovasculares en mujeres

 

 

Mañana, 29 de agosto, se celebra el Día Mundial del Corazón. Este día en nuestro país lo organizan la Sociedad Española de Cardiología y la Fundación Española del Corazón. El lema de este año es Un mundo, un hogar, un corazón-, el cual pretende prevenir las enfermedades cardiovasculares en mujeres y niños.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) informa que  las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en todo el mundo. De hecho, calcula que en 2004 fallecieron 17,3 millones de personas por enfermedades cardiovasculares. Además prevé que en 2030 morirán cerca de 23,6 millones de personas por esta enfermedad.

 

Las enfermedades cardiovasculares se asocian con personas mayores y varones, subestimándose el riesgo que este tipo de enfermedades supone para las mujeres, aun cuando representan la mitad de los fallecimientos anuales por esta causa.

 

A este respecto el Brigham and Women’s Hospital de Boston (Massachusetts), ha realizado un estudio sobre estrés laboral como causa de problemas cardíacos en las mujeres. Este trabajo concluye que aquellas mujeres que tienen puestos de trabajo estresantes tienen un 38% más de probabilidades de padecer una enfermedad cardiovascular que aquellas que poseen puestos con un nivel de exigencia y responsabilidad más bajo. Las mujeres que desempeñan determinados puestos de trabajo  tienen más riesgo de sufrir un problema cardiovascular tanto a corto como a largo plazo.

 

Este trabajo también ha analizado la influencia de la inseguridad laboral, concluyendo que el “temor a perder el trabajo” se asocia a ciertos factores de riesgo de enfermedad cardio vascular como presión arterial alta, colesterol alto y obesidad, pero no ha demostrado ser causa directa de estas enfermedades.

Es, por tanto, fundamental  abordar el estrés en el puesto de trabajo para mejorar la salud en general y prevenir las enfermedades cardiovasculares.

 

Psicólogo en Salamanca – Psicóloga Mª Luz Cañadas – Psicología

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