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Duelo en niños…Empecemos por una leyenda

En pleno siglo XXI la muerte es un tema tabú. Evitamos hablar de ella por causas muy diferentes a veces por desconocimiento, otras por miedo a que nuestro interlocutor se sienta mal…. Por eso cuando los niños padecen una pérdida significativa aparecen conductas de sobreprotección en los adultas que intentan distraer al niño… A raíz delos terribles atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid son muchos los trabajos que han realizado los profesionales con el objetivo de ayudar a niños y adultos a elaborar el duelo de forma adaptativa.

Cuando muere alguien que queremos, su truncan proyectos vitales y personales. Hablar delo que ocurre con la familia los amigos o en el centro escolar nos permite compartir las emociones y sentimientos además favorece elaborar el duelo y las reacciones psicológicas normalizadas.

Comprender la muerte es difícil, duro y complicado.

¿Qué os parece si empezamos con una leyenda inglesa  que nos ayude a entender…?

La leyenda ha sido recopilada por Tim Bowley y es muy útil para trabajar con chavales a partir de 12 años este tema.

Cuenta una leyenda inglesa que estando la madre de Jack debatiéndose entre la vida y la muerte, su hijo bajó a la playa cercana a aliviar su tristeza. De repente, una silueta alta y delgada, se acercó a él, vestida con una capa negra y el rostro tapado, y le preguntó por la Granja Beanstalk, que era donde él vivía. —¿Quién quiere saberlo?, —preguntó Jack.

—La muerte, —respondió la dama.

Jack le pidió que lo demostrara metiéndose en una pequeña botella. La muerte se encogió hasta meterse allí dentro. Jack había atrapado a la muerte y volvió a casa feliz, donde encontró a su madre totalmente recuperada y con mucha hambre. Cuando Jack empezó a buscar comida se encontró con que los animales no se morían y las verduras no podían salir del huerto. Los días pasaban y nada moría, todos tenían cada vez más hambre. Y, además, cada vez había más de todo, más moscas, más pulgas.

—Todo esto es muy raro, —dijo la madre—, ¿Qué has hecho?

Jack le contó lo sucedido.

—Vas a tener que sacar la muerte de la botella, —siguió la madre.

Cuando así lo hizo. La muerte le dijo: —Quizás ahora entiendas que no soy enemiga de la vida, pues sin mí, no existiría. Somos dos caras de la misma moneda, no podemos existir la una sin la otra —Y se despidió.

Jack volvió a la playa a mirar las olas ir y venir, al regresar a casa, encontró a su madre sentada en su mecedora favorita, con cara de serenidad, muerta.

Me encantará saber qué opináis sobre esta leyenda ¿Qué os sugiere? ¿Os ha parecido interesante?

Espero vuestros comentarios y sugerencias, mañana más…

Psicólogo en  Salamanca – Psicóloga Mª Luz Cañadas – Psicología


3 comentarios

  1. Preciosa leyenda, me ha encantado. Sin embargo, como bien dices, es para niños mayores de 12 años. Con peques de 4 y 8 años como los míos, que han sufrido pérdidas muy cercanas, se hace más complicado.
    Nosotros optamos por contárselo en un momento que estaban tranquilos. Lloraron, y nosotros decidimos no ocultar tampoco nuestro dolor, para que viesen que era algo natural y que es bueno expresarlo.
    Los niños son un mundo. A esas edades, todavía no entienden realmente lo que es la muerte, pero sí la ausencia. En muy poco tiempo empezaron a contar recuerdos de esos familiares, pero de forma sencilla y más bien alegre, siendo conscientes de que no regresarian. Quién volviera a ser niño para asumir el dolor de esta forma tan bonita y natural…
    Lo que está clarísimo, aunque sea algo muy repetido, es que el tiempo va calmando el dolor, y un día te sorprendes y te das cuenta que has conseguido lo mismo que ellos: acordarte con cariño y nostalgia de los momentos vividos, solo que para los adultos el tiempo necesario es infinitamente mayor…
    Gracias por tus artículos, muy interesantes, como siempre. Un beso!

  2. Una historia curiosa. Lástima que no exista esa botella que para los pies a la muerte en la vida real. Si yo fuera Jack no le quitaría el tapón a la botella, que le den morcillas a todo si puedo tener a mi madre conmigo. En fin, no deja de ser una leyenda. Un saludo.

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